Cuando escuchamos hablar sobre la deuda pública española, o, más genéricamente, la deuda de los países del mundo, a menudo, nos preguntamos exactamente quiénes les prestan ese dinero a nuestros responsables, en qué cantidad y en qué condiciones.

Sucede también, sin embargo, que las elevadas cifras de la macroeconomía, así como las complejas fórmulas matemáticas que en ella se emplean, a menudo, cargadas de conceptos técnicos, nos disuaden de profundizar más en la materia.

En la actualidad, la deuda española asciende al 97,7% del Producto Interior Bruto patrio. Lo cual equivale, a su vez, a unos 1207,7 billones de euros. Si la mera formulación de dichas cifras ya le ocasiona algún ligero mareo, le aconsejamos que realice una respiración profunda y que continúe leyendo, tal vez una explicación sencilla contribuya a su recuperación.

En primer lugar, cabe preguntarse ¿es esta cifra alta o baja? La respuesta  a esta pregunta, siempre en términos relativos, sería «muy alta». Sobretodo si consideramos que se sitúa sólo algún punto por debajo del pico más alto de nuestra deuda, alcanzado en el duro primer semestre del 2008, cuando las consecuencias de la crisis arreciaban en nuestras cuentas públicas.

¿A qué se debe el alto endeudamiento de nuestro país?

Si tomamos como ejemplo, el anteriormente mencionado año de 2008, podremos entender esta sencilla lógica. Si,  el apartado del gasto (pensiones, educación, seguridad, etc…) asciende a una cantidad determinada, y, sucede, sin embargo, que el apartado correspondiente a los ingresos cesa de repente su flujo, el gobierno habrá de «pedir prestado». Al menos, en tanto no realice otros ajustes.

Pero, ¿A quienes les pide dinero un país?

En nuestro caso,  un reciente estudio calcula que en torno al 48% de nuestra deuda está en manos de inversores extranjeros, lo cual supone, una vez más, otro máximo histórico.

¿Quienes son estos inversores extranjeros?

Aunque tradicionalmente los fondos de inversión procedían de Francia y, en menor medida, de Alemania. En la actualidad, países como China o Japón están ganando terreno. Nuestro nivel de endeudamiento es, en todo caso, bastante superior al de los denominados países de nuestro entorno, tales como Francia, Alemania e Italia, aunque más similar a la de los países escandinavos, cuya deuda, pese a ser elevada, recae en manos de inversores autóctonos.

La mayor parte de nuestros acreedores pertenecen al sector bancario, seguido de aseguradoras y fondos de pensiones. Cómo se supondrá, la inversión en deuda pública suele tener un nivel de seguridad elevado (calificado por las agencias evaluadoras con la famosa triple A), lo que favorece que, en tiempos de crisis, el capital internacional se refugie en bonos, letras y valores del Tesoro.

A diferencia de las acciones o bonos de cualquier otra empresa, se supone que un gobierno tiene menores posibilidades de «quiebra», lo cual hace que, aunque los intereses que ofrece sean elevados, las garantías de su cobro sea mayor que, pongamos por caso, las acciones de un grupo de telecomunicaciones.

El Banco de España y el Banco Central Europeo tienen un 21,33% El otro 31% de la deuda española se reparte entre inversores locales y la mitad de ese porcentaje corresponde a la banca española.