Antes de 2008 vivíamos dentro de una burbuja económica que muchos pensábamos duraría para siempre. Sin embargo la crudeza de los hechos nos dió, como muchas veces a lo largo de la historia, una lección que no deberíamos olvidar.

Hace 12 años cayeron multitud de mitos como la excelencia de la globalización, el crecimiento indefinido o el fundamentalismo de mercado. Sin embargo la situación actual nos lleva a pensar que no sacamos las lecciones necesarias en materia de causalidad de las crisis y de las medidas para evitarlas.

Una crisis inesperada

Nadie podía esperar que esta situación se diera en nuestro tiempo, fue el mismo filósofo Byung-Chul Han en su obra “La Sociedad del Cansancio” quien afirmó las siguientes palabras:

“A pesar del manifiesto miedo a la pandemia gripal, actualmente no vivimos en la época viral. La hemos dejado atrás gracias a la técnica inmunológica”

A la vista queda como una vez más nos equivocamos, nuestro nivel de inmunidad está muy por debajo del que suponíamos y si bien no podíamos decir que no esperábamos futuras epidemias, si pensábamos que sus efectos no serían tan nefastos como lo están siendo.

Desaceleración económica previa

A esto debemos sumarle que en los últimos meses ya nos adentramos en una desaceleración económica a escala global, por lo que, si bien es cierto que la pandemia de Covid-19 agravará los efectos de esta crisis, también es muy probable que se hubiera producido de igual de manera a mediados de 2020, probablemente con efectos mucho menores.

Como siempre pasa en estos casos, contamos con personas a las que casi podríamos llamar profetas, y es que en el año 2015 Bill Gates anunció en una charla TED que la mayor amenaza a la que se enfrenta nuestro planeta era un microbio capaz de provocar una infección grave, ni bombas nucleares, ni misiles, nuestro enemigo silencioso era mucho más pequeño, aventuraban Gates en 2015, sin dar, eso sí, las razones claras que le llevaron a tan acertada conclusión.

A su vez el genio de la informática manifestaba que no se estuvieran financiando proyectos de investigación que nos ayudarían a prevenir este posible desastre.

Y es que la falta de fondos para investigación que no ofrezca resultados inmediatos y prácticos es un signo del siglo XXI. Vivimos una época en la que buscamos la más alta rentabilidad lo más rápido posible. Esperamos que esta crisis planetaria nos haga al menos plantearnos el rumbo que estamos tomando en este aspecto.

A su vez esta forma de actuar está muy relacionada con una de nuestras mayores debilidades económicas, buscamos el beneficio rápido, dejando de lado la investigación y su financiación, que es precisamente lo que nos llevaría a obtener mayores beneficios en un futuro.

Una de las medidas de actuación que se prevé tendrás más éxito ante esta posible (y casi segura) crisis económica es la Ley de la Segunda Oportunidad, una medida destinada a la creación de un nuevo plan de pagos para el deudor, y a la exoneración total de la deuda en caso de que dicho plan de pagos no llegue a buen término.